Para Brodsky

No se puede confiar
en un país
donde un pequeño dulce príncipe hemofílico
es atendido
por un monje loco orgiástico y bebedor.
No se puede confiar en un imperio
cuyos dioses
para mayor sospecha
son del tamaño de un hombre.

16 / 09 / 14

Cosas tristes y que tu sobrino pregunte
por qué Robin Williams
decidió matarse.

.

Cosas tristes y que tengas un marido
un asesor ——> un astrólogo (?)
un diputado
y no le creas ni media verga.

.

Cosas tristes y que tus amigos 
(tus secuaces
el fervor invencible)
se hayan largado para envejecer
en otros husos horarios.

.

Cosas tristes y que tu papá
diga todos los días
E s t o y • c a n s a d o
mientras mamá se jurunga un orzuelo.

.

Cosas tristes y olvidar
a qué viniste
a quién rezaste
en dónde esperas.

El martillo de la verdad (fragmento)

image

Como Harry Houdini, yo era escéptica.

Como Harry Houdini, yo era judía (o medio judía: gracias, mamá, por eso y por la cuenta bancaria) pero sobre todo, yo era dueña de mis propios trucos. Así que ningún imbécil lograría burlarse de mí. Además, no de gratis también podía ostentar una abuela maracucha y un papá carupanero. No sea marico nadie.

Todos los hombres terminaban montando el mismo showcito: jurando un gran amor y ahora sí y esto es mágico, pero no por eso dejaban de involucrarse con otras mujeres a través de mensajes directos o chats ocultos. Ninguno de ellos podía evitarlo:

Ni el vendedor de celulares ni el arquitecto

ni el que estudió Filosofía ni el que estaba en tesis de Comunicación

ni el desempleado que vivía en casa de su mamá

ni el dentista

ni el mejor amigo que me agarró prendida

ni el ex de Andrea que apareció despechado.  

Todos querían empezar desde el principio, una y otra vez.

Todos andaban en algo cuando yo me daba la espalda.

Todos seguían conectados luego de la despedida para irnos a dormir.

Todos le faveaban estupideces a las puticas bipolares que querían cogerse y con las que, en algún instante, arreglarían un encuentro, como habían hecho conmigo.

Entonces yo era escéptica. Hasta que un día fui a una sesión espiritista en casa de una vieja loca (recomendada por mi mamá, lógicamente), y resulta que la vieja loca no estaba loca nada, y que nos puso en contacto con una entidad, que no solo hizo temblar las luces y esconderse al gato, sino que reveló una clave maestra para acceder (o accesar, como dicen algunos medios) a cualquier cuenta de red social, correo electrónico o perfil profesional que se me atravesara. Claro, solo funcionaba si dolía mucho: es decir, solo funcionaba con los hombres que dolían en mis trasfondos. No podía, en cambio, hacerlo como un favor a otras personas, si acaso lo están pensando (y honestamente tampoco era que me importaba mucho si mis amigas sufrían o no por lo mismo que yo: de hecho, si sufrían, pues mejor). Pero les puedo pasar el teléfono de la vieja loca, a fin de que les haga una cita con el martillo de la verdad, si tanto les interesa.

Este cuarto es muy pequeño. Lo cierto es que ese día comenzó mi camino. 

Yo

podía

vengar

me

.

—-

1. El cuento completo, imagino, puede que aparezca en 2016. Suponiendo que tengamos paciencia, papel y país. Suponiendo que no me mate una fiebre hemorrágica o una ráfaga de tiros. 

2. La foto es de Roger Ballen. Sí, da miedo. 

red-lipstick:

André François aka André Farkas (Hungarian born, French, 1915-2005) - The Daily Meow, 1966     Drawings

red-lipstick:

André François aka André Farkas (Hungarian born, French, 1915-2005) - The Daily Meow, 1966     Drawings

(Fuente: pequenhaciudad.blogspot.com, vía 2headedsnake)

Quién tiene el palo

"Where does a promise go
When you pretend it isn’t there?”
-Arcade Fire

I
Ese ángel que escuece
blandiendo una sola verdad:
tú solo eres de carne
no tienes tiempo de aprender.

II
El pasado es un globo que vive
en tu pecho
caminas entre un rosal
con ganas de reventarlo y pasas
tu vida rellenando esa piñata
bajo tus carnes
preguntando quién tiene el palo
quién recogerá los dulces
y los caballitos de plástico
andas convocando cierto allanamiento
sabes que el humo siempre viene
de otro paisaje
yo sé temer duro, dices
yo sé pastar
yo sé ritualizar mis azares
a mí me tiene que matar algo grande
un desacierto que me sostenga
y me jure lo humano.

Para un lector muy picado y muy serio

Veinte minutos después de publicar ese último poema, recibí un comentario de un lector anónimo, muy preocupado por la calidad del escrito, señalando que un tema como Hora de Aventura no era nada serio ni mucho menos poético, y que por favor no me permitiera hacer el ridículo de semejante forma.

Ustedes dirán que la norma reza que uno no puede perder tiempo con estos incidentes pero me parece un momento muy oportuno para conversar, de nuevo, sobre el estado de salud de la libertad de expresión y de la forma en que a duras penas convivimos.

Mire, compadre: yo puedo escribir un poema sobre lo que yo quiera. Y puede que a nadie le guste el poema y ahí no hay nada que discutir. Pero, ya va, ¿usted quiere debatir conmigo qué es LA poesía e imponerme su concepción? Debo confesar que no me levanto cada mañana pretendiendo responder a la interrogante sobre la naturaleza de la creación poética: conozco apenas mis razones y no alcanzan para contestar a mis propias preguntas. Escribo un poema cuando quiero y cuando no, pues no. Fui a la universidad y tomé los cursos correspondientes, pero el acto creador me excede o me aniquila (tampoco necesito explicar eso cada cinco minutos). De igual forma no me interesa fiscalizar los ideales literarios de nadie: me contento con leer lo que me complace y con no leer lo que no me complace. Vaya usted y escriba sus poemas, publique libros, tírese de un balcón, métase a crítico literario, lo que guste, haga, deshaga y rechace tanto como quiera a Finn y a Jake. Pero no crea que de verdad tiene el poder. Porque si lo que de verdad la interesa es el poder y fiscalizar la vida de los demás, entonces pídale trabajo al gobierno. ¿O acaso usted también se opone a la barbarie y a la censura?

Para el resto de nosotros solo pido meditar, sin pelos en la lengua, cuánto de verdad soportamos la libertad de los otros.

Hora de aventura

La peor tragedia
es el momento de reconocer

«marica, no soy inmortal».

Quizás por eso
todavía de vez en cuando
necesito sentarme frente a Cartoon Network
para ver qué hacen Finn y Jake:

quiero creer que soy capaz
a pesar de mis convicciones cronometradas
y de mis órganos pudriéndose
que venceré al rey frío

que blandiré mi espada
como el más inocente
de los dibujos.

.

(Para M., E. y A.)

deathandmysticism:

St. Michael weighing a human soul and a devil, Lucas Cranach the Elder, 1506

deathandmysticism:

St. Michael weighing a human soul and a devil, Lucas Cranach the Elder, 1506

(vía centuriespast)

Anotación en la cola del chino

La gente dice:

«Enza, el tiempo lo cura todo
tienes la vida por delante
de hecho
la vida es simple pero nosotros la complicamos
no te preocupes
mañana saldrá el sol
no hay mal que dure cien años
no llores
el mundo no se acaba aquí
Enza
ten paciencia
recuerda al hombre que no tenía zapatos
y se encontró a un hombre sin pies
agradece que no eres africana
mira, ahí tienes la nevera llena
Enza, Enzita
cualquiera te hace el favor
no tienes derecho a sufrir
no tienes un hijo enfermo
no tienes deudas en el banco
Enza, mijita
usas Android, Zara y Dioxogen
tienes un papá responsable
y no padeces un horario de trabajo
intenta, no hables de tus sentimientos
al menos en eso
finjamos que somos británicos

recuerda
escribir puede salvarte»


Entonces asiento y doy las gracias
abro la boca y recibo la galleta
digo sana y orgullosa:
pronto saldrá el poemario
tengo unos amigos geniales
incluso logré perdonar a mi madre
voy y le tomo fotos a mis dibujos
y sé que dos o tres personas me envidian
o que dos o tres me harían el favor
sí, por supuesto
escribir puede salvarme
no hay mal que por bien no venga.

Entonces
abro la caja en silencio
y riego las piezas en la cama:
Dios me dio un ángel muerto
y yo insisto en resucitarlo.

Lo malo es que no estoy cobrando por el chou.

Dos anotaciones en el estacionamiento de Farmatodo

I

Los niños son titanes.
Después crecen y recogen
sus cosas muertas en un saco.

Lo que no mata, engorda.
Lo que no mata, fortalece.
Lo que no mata nos mantiene vivos
para dejarnos caer y volvernos triza
antes de que siquiera
toquemos el piso.

Lo que no mata, escuece
hay un titán viejo relamiéndose los bigotes
se mueve por dentro y abre
rendijas en la carne
con tal de espiar un rato
hasta que se aburre, duerme
y lo que sueña no te deja dormir.

Lo que no mata, realmente
no quiere que vivas.

Dile al cielo que te detenga
mira cómo la memoria
no te compadece.

II

Lo único malo de los poetas que sobreviven
-pongamos que me refiero a cualquier polaco-
es que llegan iluminados
por esa estúpida gallardía sagrada
culpándote porque eres apenas un joven
del tercer mundo
convencido, entre otras cosas,
de que no podrá sobrevivir.


Me entra la sarna cada vez que los leo
y recuerdo que no puedo matarme:

Es una canción muy larga
no poder matarse
es el peso de cada año
intentando venerar
este sacramento arrepentido.

Postales de la tribu (III)

Con algo de suerte
uno es capaz de recordar su primer encuentro
con la muerte

yo tenía cinco años
y todo empezó con mi mamá
derramada en el piso de la cocina

y las explicaciones que nunca me dieron
mi vocecita de pronto dañada y adulta
rogándole a la crisis nerviosa
que no se llevara a la vieja
(la vieja tenía 37)

esto quiere decir además
que aquella fue la primera vez
para sentirme arrancada
como si un deslave me hubiese tapiado el rancho
ese fue mi primer atisbo
de la verdad:
ni muerta
volvería a meterme al útero de mi madre
Dios me libre
de reincidir en el delirio
que arrasa con la estrellita de 5 años
y que todavía a los 27
no sabe
y ve para otro lado
cuando pregunta.

(Para Octavio)

Sobre las promesas

–Enza, no te voy a mentir –señaló mi papá después de tomar un sorbo de Nestea durante el almuerzo–. Hay cosas que no se olvidan, no se curan, no se calman. No, ni un poquito. Están ahí todo el tiempo. Yo soy un hombre de sesenta años y todavía no se me olvida lo que sentí la primera vez que vi a mi papá y el viejo no alcanzó más que a encogerse de hombros y preguntarme que si yo era Enzo o era Oswaldo. A mí no se me ha quitado la tristeza y la decepción de ese día. ¿Te imaginas lo que es tener quince años y que te hagan eso? Entonces pasa el tiempo y al principio estás tan ocupado que crees que lo olvidaste, pero es mentira, hasta que vuelve a pasar el tiempo y solo quieres hablar de las cosas importantes. Yo sé que tú no olvidas nada. Bueno, cuando te pongas vieja será peor y me pone triste saber que no estaré ahí para acompañarte. Por eso quiero que me prometas que estarás bien, que no te vas a volver muy loca, que quizás cuando te sientas mal vas a escribir sobre eso y no te harás mucho daño. ¿Sí? ¿Me lo prometes?

Mi madre apareció en la puerta con una noticia y nos interrumpió antes de que pudiera decir nada. He subido apresurada, luego de lavar los platos, para anotar que quizás el sentido de una promesa no reside en llevar a cabo su contenido, sino en enunciarla, en convertirla en una joya verbal, como si prometer, en el fondo, no fuera más que elaborar una plegaria frente al corazón de alguien amado. Uno promete porque no quiere estar solo mientras el tiempo pasa y no hay olvido.  

theparisreview:

From 1947, T.S. Eliot reads “The Naming of Cats.” (via)

"She came like one of her drawings about the world of fishes, or perhaps about the world of animals. She lives with animals. Certain animals. She knows their secrets, which are not secrets to them, but secrets from us. I doubt whether she chose the animals she lives with; they, I guess, chose her. Which would be normal, for it is they who live in her. Inhabit her. They were sitting invisibly inside her at the table."

A Woman and a Man Standing by a Plum Tree. John Berger