Lo de ponerle filtros a las fotos me estaba pareciendo un divertimento anodino que no exigía ninguna reflexión. Pero sucedió lo siguiente:
1. Entro a Farmatodo. Como nunca me aturdió la capacidad de la gente para atravesarse en los pasillos con la boca abierta. Cuando me acerqué para hacer la cola de la caja, la empleada me indicó que la fila seguía más allá. Me disculpé y esta vez me aseguré de ponerme detrás de la última persona. De pronto se acerca una señora y se para junto a mí, un paso más adelante:
-Señora, ¿usted estaba en la cola?
-Sí.
-¿Eh?
-Sí, sí, pero me moví para allá y me devolví. 
-…
-Bueno, bueno, pero si quieres quédate ahí… -dijo batiendo las manos como imitando una reverencia. -Tranquila, quédate ahí.
-…
La señora arqueó una ceja y lanzó una risita.
-Señora, ¿no le parece que el sarcasmo está de sobra? Le pregunto porque usted no estaba en la cola y de pronto apareció. ¿No cree que puedo preguntarle?
-Ay, ya, ya, ya -hizo señas como de quien se quita una mosca (en serio, ese fue el gesto, en vivo y directo). -Quédate ahí, da lo mismo.
2. Salí del local con la boca abierta. ¿Qué fue eso? ¿En realidad fue mi culpa? ¿Debo dejar que las doñas, por arrugadas y secas, pasen primero? ¿Será que mi mamá también le hace eso a la gente? ¿Qué pasa? ¿Hacia donde vamos? ¿Dónde adquirimos esas maniobras de superioridad? Íbamos caminando en busca de la cena y con la luz a través de las vigas del centro comercial, me dio por tomar un par de fotos. Rumiaba lo mismo de siempre. Luego en la mesa probé los filtros y pensé con hastío que Caracas es eso, una ciudadela mujerzuela, con la cuca seca y los años derrotados, probándose filtros de alguna corporación extranjera a ver si recupera la dignidad, esa máscara que encubre la mayoría de las veces un silbido de silbón solo, Caracas machuque, patuque Valmy y Avon, acelerada detrás del éxtasis que nunca llega, mala lengua de poeta urbano que no te moja bien tus alcantarillas. 
3. Que Dios me libre de llegar a cierta edad para cobrar facturas invisibles. Vivimos en un mundo donde las mujeres son maltratadas y humilladas, pero un mundo donde nadie puede ponerlas en su lugar por abusadoras. Si lo hace un hombre entonces es machista, si lo hago yo es porque la juventud ya no tiene moral ni buenas costumbres. Ah, claro, es que hemos sufrido mucho, pobrecitas, tenemos derecho a pervertir el espacio ajeno con nuestras brujerías… Vivimos en un mundo donde TODO EL MUNDO maltrata y jode al prójimo. Creo que si empezamos por ahí perderemos menos tiempo en mitos baratos y pensaremos antes de tirar la primera piedra. Las indulgencias baratas para mi tribu se las pueden meter ya saben donde. 

Lo de ponerle filtros a las fotos me estaba pareciendo un divertimento anodino que no exigía ninguna reflexión. Pero sucedió lo siguiente:

1. Entro a Farmatodo. Como nunca me aturdió la capacidad de la gente para atravesarse en los pasillos con la boca abierta. Cuando me acerqué para hacer la cola de la caja, la empleada me indicó que la fila seguía más allá. Me disculpé y esta vez me aseguré de ponerme detrás de la última persona. De pronto se acerca una señora y se para junto a mí, un paso más adelante:

-Señora, ¿usted estaba en la cola?

-Sí.

-¿Eh?

-Sí, sí, pero me moví para allá y me devolví. 

-…

-Bueno, bueno, pero si quieres quédate ahí… -dijo batiendo las manos como imitando una reverencia. -Tranquila, quédate ahí.

-…

La señora arqueó una ceja y lanzó una risita.

-Señora, ¿no le parece que el sarcasmo está de sobra? Le pregunto porque usted no estaba en la cola y de pronto apareció. ¿No cree que puedo preguntarle?

-Ay, ya, ya, ya -hizo señas como de quien se quita una mosca (en serio, ese fue el gesto, en vivo y directo). -Quédate ahí, da lo mismo.

2. Salí del local con la boca abierta. ¿Qué fue eso? ¿En realidad fue mi culpa? ¿Debo dejar que las doñas, por arrugadas y secas, pasen primero? ¿Será que mi mamá también le hace eso a la gente? ¿Qué pasa? ¿Hacia donde vamos? ¿Dónde adquirimos esas maniobras de superioridad? Íbamos caminando en busca de la cena y con la luz a través de las vigas del centro comercial, me dio por tomar un par de fotos. Rumiaba lo mismo de siempre. Luego en la mesa probé los filtros y pensé con hastío que Caracas es eso, una ciudadela mujerzuela, con la cuca seca y los años derrotados, probándose filtros de alguna corporación extranjera a ver si recupera la dignidad, esa máscara que encubre la mayoría de las veces un silbido de silbón solo, Caracas machuque, patuque Valmy y Avon, acelerada detrás del éxtasis que nunca llega, mala lengua de poeta urbano que no te moja bien tus alcantarillas. 

3. Que Dios me libre de llegar a cierta edad para cobrar facturas invisibles. Vivimos en un mundo donde las mujeres son maltratadas y humilladas, pero un mundo donde nadie puede ponerlas en su lugar por abusadoras. Si lo hace un hombre entonces es machista, si lo hago yo es porque la juventud ya no tiene moral ni buenas costumbres. Ah, claro, es que hemos sufrido mucho, pobrecitas, tenemos derecho a pervertir el espacio ajeno con nuestras brujerías… Vivimos en un mundo donde TODO EL MUNDO maltrata y jode al prójimo. Creo que si empezamos por ahí perderemos menos tiempo en mitos baratos y pensaremos antes de tirar la primera piedra. Las indulgencias baratas para mi tribu se las pueden meter ya saben donde.